Porqué el hielo ártico no debería dejar frío a nadie

A continuación reproduzco algunos extractos de un artículo escrito por Neven, el autor del Arctic Sea Ice Blog.

Aunque no comparto algunos de sus planteamientos o enfoques, me parece interesante.

Traducción al español, cortesía de un servidor.

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Porqué el hielo ártico no debería dejar frío a nadie

Desde que los satélites comenzaron a permitir una vista detallada del Ártico y su hielo, se ha observado un marcado descenso en la extensión estival de la banquisa (con este año marcando un nuevo record). Cuando el IPCC publicó su IV Informe en 2007, se creía generalmente que el Oceáno Ártico podría quedar libre de hielo en verano en algún momento a finales de este siglo. Pero los cambios en el Ártico ocurren tan rápido desde entonces que ahora muchos expertos creen que en torno a 2030 podríamos ver un Ártico libre de hielo por primera vez. Algunos dicen que incluso podría ocurrir esta misma década.

Lo que concede importancia a este hecho es el papel que el hielo marino del ártico desempeña al reflejar energía solar. El hielo es blanco, y por tanto refleja una gran parte de la radiación solar de vuelta hacia el espacio. Pero donde no hay hielo, la oscura superficie oceánica absorbe la mayor parte de la radiación solar, calentándose. Cuanto menos hielo hay, más se calienta el agua que a su vez derrite más hielo. Este feedback, o realimentación, tiene todo tipo de consecuencias para el Ártico. La desaparición de la banquisa o hielo marino puede ser buena para algunas especies de algas o plancton, pero la ausencia de hielo podría ser catastrófica para animales de mayor tañaño que cazan o dan a luz a sus crías sobre el hielo. Las condiciones rápidamente cambiantes también tienen repercusiones para las poblaciones humanas cuyos recursos y cultura dependen del hielo marino. Estas comunidades literalmente son erosionadas, dado que el hielo marino ya no actúa como un parachoques que amortigüe la acción de las olas.

Pero lo que pasa en el Ártico, no se queda en el Ártico. La rápida desaparición de la cubierta de hielo puede tener consecuencias para todo el Hemisferio Norte, debido a su efecto sobre los patrones de circulación atmosférica. A medida que la extensión de la banquisa se reduce, más y más radiación solar es absorbida por los océanos, que se calientan gracias a ella. El calor y humedad aportados a la atmósfera en otoño e invierno podría conducir a alteraciones de la Corriente en Chorro o Jet Stream, el chorro de vientos que a gran altitud separan el aire cálido al sur y el frío al norte.

Un Jet Stream desestabilizado se ondula más, permitiendo al aire frío ser canalizado hacia el sur, un posible factor en los inviernos extremos que se han experimentado a lo largo de todo el Hemisferio Norte en los últimos años. Estas ondulaciones del Jet, además, tienden a ser persistentes y asociadas a un aumento de los denominados Bloqueos. Estos Bloqueos causan eventos meteorológicos extremos simplemente por las condiciones inusualmente prolongadas de un tipo u otro que provocan. La reciente y prolongada ola de calor, sequía e incendios en USA es un ejemplo de lo que puede ocurrir. Otro ejemplo son los inviernos extremadamente fríos y nivosos en Reino Unido y otras partes de Eurasia.

La acumulación de calor en las aguas del ártico también afecta a otras zonas congeladas, como el casquete de hielo de Groenlandia y los glaciares del Archipiélago Canadiense. Dado que hay menos hielo que actúe como barrera de contención, más calor puede llegar a la base de los frentes glaciares acelerando su deshielo. En Groenlandia, no sólo los glaciares de terminación marina están fluyendo más rápidamente, sino que hay también un rápido aumento del deshielo superficial estival, que conduce a una acelerada perdida de masa del casquete de hielo. A medida que el Ártico se calienta, una contribución creciente al aumento del nivel del mar es inevitable.

Otra manera en la que el calentamiento del Ártico podría tener consecuencias a escala mundial es mediante su influencia en el permafrost. Los suelos permanentemente helados que conforman el permafrost contienen una inmensa cantidad de carbono, unas cuatro veces más que todo el carbono emitido por la actividad humana en la Edad Contemporánea. Un estudio de 2008 encontró que un período de rápida pérdida de hielo marino podría conducir a un rápido deshielo del permafrost. Además del daño en infraestructuras (carreteras, casas) en las zonas árticas, las emisiones de carbono asociadas a su deshielo podrían sumar otro 15 ó 35% a las emisiones provocadas por la actividad humana, convirtiendo la reducción de la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera en una tarea mucho más dificil.

Una fuente potencial de gases de efecto invernadero incluso más preocupante que la anterior es el metano situado en el fondo marino del Océano Ártico, sobre todo cerca de las costas de Siberia. Estos denominados clatratos contienen una gran cantidad de metano, un gas de efecto invernadero más potente que el dióxodo de carbono, aunque de vida más corta que éste. El clatrato de metano, una forma de hielo que contiene metano entre los cristales de su estructura, permanece estable gracias a una combinación de alta presión y baja temperatura. A una profundidad aproximada de 50 metros, la plataforma continental de Siberia Oriental contiene los depósitos más someros de clatratos de metano, siendo por tanto la zona más vulnerable al calentamiento del agua oceánica.

Al margen de estos irrecuperables depósitos de combustibles fósiles, el Ártico también esconde grandes cantidades de petróleo y gas natural. A medida que la banquisa se retira, estos tesoros fósiles del Ártico se sitúan en el punto de mira de las grandes empresas y países ribereños del Ártico. Esto no sólo podría provocar tensiones geopolíticas en un mundo donde la energía se está encareciendo rápidamente, sino que también resulta irónico que la causa más probable de la desaparición del hielo ártico, la extracción y quema de combustibles fósiles, podría permitir una mayor extracción de dichos combustibles. Otro proceso de realimentación.

Las noticias sobre el Ártico y su hielo habitualmente van acompañadas de fotos de osos polares. Pero aunque muchas especies de animales en el Ártico podrían sufrir impactos negativos por la desaparición de la banquisa, hay mucho más en juego: las condiciones climáticas relativamente estables que han permitido el desarrollo de la civilización moderna. Es díficil decir si aún estamos a tiempo de salvar el hielo del Ártico, pero es seguro que las consecuencias no acabarán cuando el hielo desaparezca.

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4 respuestas a Porqué el hielo ártico no debería dejar frío a nadie

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  3. NevenA dijo:

    Diablo, muchas gracias por el traducción!

    Or was it ‘para’? :-)

    • De nada Neven! Muchas gracias a ti. Y felicidades por el gran trabajo que llevas a cabo en tu blog.

      ( “por” is right, but the “traducción” is “la” ;-) )

      Saludos!!

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