Hielo ártico: balance del verano 2010. I. El contexto

I. EL CONTEXTO PREVIO

Desde el final de la última pulsación de la Pequeña Edad del Hielo a mediados del siglo XIX, muy probablemente la extensión de la banquisa ártica ha seguido una tendencia general descendente salpicada con algunos repuntes, probablemente ligados a las fases frías de oscilaciones naturales como AMO. Uno de estos períodos de avance relativo se sitúa en los años 60 y 70 del pasado siglo XX. Es aproximadamente a partir del final de este período desde cuando contamos con series completas de las observaciones del hielo ártico desde distintos satélites (iniciadas entre 1972 y 1979).

(Para profundizar algo más en estos asuntos, nos remitimos a las entradas anteriores Extensión de la banquisa ártica durante el siglo XX y Extensión de la banquisa ártica durante el último milenio. Y también Islandia y la banquisa: historias de vecinos I )

Al inicio del período monitorizado por los satélites, la extensión mínima de la banquisa ártica al final del verano se situaba entre 7 y 8 millones de km2, y el área en unos 6 millones km2. Esto supone que el hielo multianual, por definición aquel que sobrevive al menos a un verano, ocupaba la mayor parte del Océano Ártico.

Extensión media mensual en septiembre, 1979-2009 (NSIDC):

Ya hemos hablado en otras ocasiones de la importancia del hielo multianual. Durante el verano, y si sobrevive al mismo, el hielo marino sufre algunos cambios, entre ellos su contenido en sal, que le aportan una mayor rigidez y resistencia al deshielo. Afronta así las sucesivas temporadas de crecimiento invernal, en las que su espesor se irá incrementando. Un Océano Ártico cubierto en su mayor parte por hielo multianual, y con cantidades significativas de hielo de 5 años y más, ofrece una formidable resistencia a los forzamientos atmosféricos durante el período de deshielo estival. Además, cuanto mayor sea la edad y espesor medios del hielo ártico, más lenta será su deriva a igualdad de condiciones de circulación atmosférica.

Durante la mayor parte de los años 80, la extensión mínima estival de la banquisa ártica permaneció relativamente estable. Lo mismo sucedía con el hielo multianual.

Pero las cosas cambiarían al final de la década. El brusco tránsito a una fuerte AO+ (fase positiva de la Oscilación Ártica) en 1989-1990 produjo una gran expulsión de hielo multianual a través del estrecho de Fram (entre Groenlandia y las islas Svalbard) hacia el Atlántico, donde este hielo desaparece forzosamente.

En esta gráfica de la NOAA vemos los valores de la AO invernal (enero-marzo) en el período 1950-2010. Se observa el brusco cambio de 1989-90, y como desde entonces los valores medios de la AO se han mantenido por encima de los de las anteriores décadas hasta el valor extremadamente negativo de 2010:

A partir de este punto de inflexión de 1989-1990 la extensión mínima presenta una variabilidad mucho mayor, encontrándonos a menudo con valores notablemente más bajos que los de los años 80. Este hecho puede tomarse como un efecto de la disminución del porcentaje de hielo multianual. Así, la cifra mínima estival depende mucho más del hielo de primer año, de aquel que debe superar su primer verano, y cuya supervivencia presenta una gran variabilidad interanual dependiendo de las condiciones atmosféricas que predominen en cada verano.

En este contexto se encuentra incluso un caso como el mínimo de 1996, el más alto de toda la serie 1979-2010. Por tanto, con una recuperación total en el valor mínimo de la extensión de la banquisa, pero sin que sucediera lo mismo con el porcentaje de hielo multianual. Entre 1997 y 2003 el hielo multianual se habría recuperado de forma parcial gracias a los valores más moderados de la AO (ver Belchansky 2008).

Sin embargo, la AO no es el único patrón de circulación atmosférica a tener en cuenta en el Ártico. Maslanik 2007 o Wang 2009 ponen sobre la mesa un nuevo patrón denominado Dipole Anomaly (DA), o Anomalía Bipolar.

En esta imagen, la configuración ideal del patrón de DA según Maslanik, con la flecha amarilla indicando el movimiento principal del hielo que provoca:

Altas presiones sobre el mar de Beaufort y el Océano Ártico al norte de Alaska y Canadá, y bajas sobre Siberia Oriental, intensificando el carril central de desalojo de hielo hacia el estrecho de Fram: la Deriva Transpolar. Y también el flujo de agua pacífica hacia el Ártico a través del estrecho de Bering.

La DA se ha vuelto más frecuente desde 1995 y, en particular, durante lo que llevamos de siglo XXI. Esta configuración se encuentra detrás de algunos mínimos estivales especialmente bajos como los de 1995, 1999, 2002, 2005 ó 2007. Pero su efecto no se agota en verano sino que opera también durante el invierno. Lo hizo de forma bastante persistente entre 2005 y 2008, período en el que la cantidad de hielo multianual en el Ártico se desplomó, disminuyendo a un ritmo mayor del que muestran los propios mínimos de verano.

Lo podemos observar en esta gráfica, en la que se muestra el área del hielo multianual en los inviernos 2000-2009 (Fuente):

Se observa el desplome de un 40% entre 2005 y 2008, con un área de hielo multianual que queda ya por debajo de los tres millones de km2, y que en 2009 se mantiene en valores muy próximos a los de 2008, sólo ligeramente superiores, y con un hielo multianual en su conjunto probablemente algo más joven.

En estas condiciones, con mucho menos hielo multianual que en pasadas décadas, la banquisa ártica en su conjunto es mucho más vulnerable a las eventuales condiciones desfavorables en verano. Más fácil de descongelar, más fácil de fracturar y arrastrar por los vientos dominantes. (A todo esto se debe añadir la retroalimentación por la propia reducción de la banquisa en verano. La reducción de la cobertura de hielo disminuye el albedo y conduce a temperaturas más elevadas del agua al final del verano que, a su vez, ayudan a retrasar el inicio de la congelación y reducir el espesor del hielo en el invierno siguiente.)

En este contexto se inscribe un mínimo extremo como el de 2007.

En el verano de 2009, sin embargo, unas condiciones relativamente favorables permitieron la supervivencia de más hielo que en los dos veranos anteriores. Edad el hielo al final del verano 2007 a 2009, junto a la media 1981-2000:

Durante el invierno 2009-2010, tampoco se observó Dipole Anomaly o similar. Por contra, una AO extremadamente negativa retuvo prácticamente todo el hielo multianual recirculando en el interior del Oceáno Ártico y el Giro de Beaufort. Edad del hielo en septiembre 2009 y marzo 2010, junto a la evolución en los porcentajes de hielo multianual en el período 1981-2010. Se observa el descenso en la primera mitad de los 90, y la fuerte caída 2005-2008. También la ligera recuperación en 2010, y el movimiento del hielo en el Giro de Beaufort durante el pasado invierno (NSIDC):

Así, la estación de deshielo 2010 se iniciaba con algo más de hielo multianual que en los dos años anteriores, y con la oportunidad de comenzar una recuperación sólida si una parte significativa de este hielo multianual “extra” sobrevivía al verano.

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2 respuestas a Hielo ártico: balance del verano 2010. I. El contexto

  1. barrufa dijo:

    Interesante post, bien resumido y explicado.

  2. Pingback: Hielo ártico: balance del verano 2010. II. Atmósfera, océano y hielo | Banquisa en el Ártico: el blog del hielo marino

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