Banquisa ártica a mediados de abril 2019

 A mediados de marzo la banquisa ártica alcanzó su extensión máxima estacional de 2019, que se situó según los datos del NSIDC en 14.780.000 km2, lo que supone el séptimo máximo más bajo de la serie de observaciones 1979-2019. No obstante, supone también una ligera recuperación respecto a los cuatro inviernos anteriores, que habían ido marcando los máximos más bajos de toda la serie. Podemos observarlo en la siguiente gráfica proporcionada por el NSIDC, que muestra la extensión media mensual de la banquisa ártica en el mes de marzo entre 1979 y 2019:

Sin embargo, en las siguientes semanas la extensión de la banquisa se ha ido reduciendo rápidamente hasta situarse en los valores más bajos de la serie para estas fechas, tal como podemos observar en la siguiente gráfica, donde se recoge la evolución de la extensión de la banquisa ártica durante 2019 (línea roja) comparada con algunos otros de los últimos años y con las medias de las décadas anteriores, según los datos proporcionados por JAXA actualizados hasta el 22 de abril:

Esta rápida reducción se ha debido sobre todo al retroceso del hielo en la zona del estrecho de Bering, donde persistentes vientos desde el sur han empujado la banquisa hacia el norte y descongelado amplias zonas al arrastrar hacia allí aire y agua más templada. (Más información sobre el comportamiento de la banquisa en el mar de Bering en el invierno 2018-2019 en este enlace del IARC de la Universidad de Alaska).

En los últimos días, mientras el entorno de Bering se recuperaba algo, la extensión de la banquisa se ha ido reduciendo también apreciablemente en los mares de Okhotsk y Barents.

Podemos observarlo en el siguiente mapa del NSIDC donde se recoge la extensión de la banquisa a 22 de abril de 2019 (en blanco) comparada con la media 1981-2010 para el mismo día (línea naranja), mostrando los mayores déficits de hielo en los citados mares de Bering, Okhotsk y Barents:

Hasta ahora hemos observado la extensión de la banquisa, pero otro aspecto clave a tener en cuenta es su grosor y volumen total. En la siguiente gráfica (fuente) se muestra el volumen total de la banquisa ártica en el mes de marzo entre 2011 y 2019 según las observaciones del satélite Cryosat-2 (línea roja) y las simulaciones del modelo PIOMAS (línea azul):

Se observa que el volumen de la banquisa se mueve en el rango habitual dentro de la última década. Según las observaciones del satélite Cryosat-2, de hecho, el volumen en 2019 sería de los más altos de esta serie de observaciones. Aunque, comparando con lo habitual antes de 2007, siguen siendo valores bajos. Por tanto, indicativos de una banquisa menos gruesa que en décadas anteriores y más vulnerable de cara a la temporada de deshielo.

Mapa servido por el CPOM mostrando el grosor actual de la banquisa ártica según las observaciones del satélite Cryosat-2:

Durante el invierno 2019-2019 las temperaturas en el Ártico han sido algo más frías que en los inviernos anteriores, lo que ha ayudado a que el hielo gane grosor. Sin embargo, las configuraciones atmosféricas dominantes este invierno han propiciado una Deriva Tranpolar bastante más intensa que habitual en los últimos años, con lo que buena parte del hielo más grueso se ha ido desplazando y acumulando hacia el sector atlántico, hacia las cercanías de los estrechos de Fram y Nares. Este hecho aumenta el riesgo de que una cantidad significativa de ese hielo más grueso pueda terminar expulsada hacia el Atlántico si se dan las configuraciones de circulación atmosférica adecuadas, y es un factor de riesgo añadido de cara al mínimo de verano.

Mapa que muestra la deriva de distintas boyas situadas sobre la banquisa durante los meses de febrero y marzo 2019:

Presión media a nivel del mar en febrero y marzo 2019 (reanálisis NCEP/NCAR), con una configuración con reminiscencias del patrón de Dipole Anomaly (altas presiones en Norteamérica y bajas presiones hacia el sector siberiano) originando un carril central de vientos coincidente con la deriva de las boyas, una notable Deriva Transpolar:

En esta imagen, la configuración ideal del patrón de “Dipole Anomaly” (fuente Maslanik 2007, https://doi.org/10.1029/2006GL028269):

No obstante, como siempre, las condiciones meteorológicas, de circulación atmosférica y deriva del hielo que predominen en el Ártico durante los próximos 4 ó 5 meses serán el factor más decisivo (e impredecible) para ver si la extensión mínima de la banquisa al final del verano 2019 se queda en valores cercanos a la media de la última década o si, por el contrario, puede acercarse al record mínimo establecido en 2012. Lo iremos observando.

 

 

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Banquisa ártica a principios de noviembre 2018

Durante los últimos días de septiembre y las primeras semanas de octubre 2018  las condiciones meteorológicas en el Ártico, sobre todo en su sector Pacífico, continuaron siendo desfavorables para la banquisa, debido a la continua advección de masas de aire templado desde el sur a través de Alaska y el estrecho de Bering.

Este hecho, unido a las temperaturas de la superficie oceánica por encima de la media en estas y otras zonas del Ártico, propició un lento inicio de la recongelación otoñal en el Ártico. Lastrada por este inicio, la extensión media mensual de la banquisa ártica en octubre de 2018 se ha situado en 6.060.000 km2, lo que supone el tercer valor más bajo para dicho mes en la serie de observaciones por satélite 1979-2018, algo más de 2 millones de km2 por debajo de la media 1981-2010 para el mes de octubre, y superando tan sólo a 2012 y 2007, tal como se observa en la siguiente gráfica proporcionada por el NSIDC:

En el siguiente mapa proporcionado también por el NSIDC, podemos observar la extensión de la banquisa ártica en octubre de 2018 (en blanco) comparada con la media 1981-2010 (línea rosa) para dicho mes:

Los mayores déficits de hielo se situaban en los mares de Chukchi, Laptev,  Barents y Kara. La única zona donde el hielo estaba en torno a la media climática es el Ártico Canadiense, continuando con la tónica de los últimos meses.

Durante las últimas semanas de octubre y los primeros días de noviembre las condiciones atmosféricas han sido menos desfavorables para la banquisa ártica, que ha aumentado su extensión con bastante velocidad. Podemos verlo en la siguiente gráfica (datos del sensor AMSR2 facilitados por JAXA) que muestra la extensión de la banquisa ártica en 2018 (línea roja, actualizada hasta el día 4 de noviembre) comparada con las medias de las décadas anteriores y con algunos de los últimos años:

A continuación, mapa proporcionado por el NSIDC para el 4 de noviembre comparando la extensión actual de la banquisa (en blanco) con la media 1981-2010 para el mismo día (línea naranja):

El mar de Laptev ya aparece cubierto de hielo. Continúan los mayores déficits al norte del estrecho de Bering, en los mares de Chukchi y Siberia Oriental, así como en el sector atlántico, en los mares de Barents y Kara. El sector canadiense sigue siendo la única zona donde la extensión de la banquisa alcanza o incluso supera la media climática.

Atendiendo a las anomalías de temperatura de la superficie marina,  y al comportamiento meteorológico en los últimos meses, es posible que la recongelación continúe avanzando de forma rápida en el sector canadiense, en Baffin y Hudson. Por el contrario, las altas temperaturas de la superficie oceánica en torno al estrecho de Bering podrían continuar retrasando la congelación en esta zona. Observamos estas anomalías de temperatura de la superficie oceánica en el siguiente mapa facilitado por la NOAA:

De cara al máximo invernal, que se producirá en algún momento entre febrero y marzo, probablemente el comportamiento en el mar de Bering sea un factor decisivo. Si las condiciones de circulación atmosférica en la zona son similares a las de los dos últimos inviernos, y teniendo también en cuenta las altas temperaturas oceánicas de partida, es probable que la extensión máxima en esta zona vuelva a quedar muy por debajo de la media, lastrando la extensión máxima total de la banquisa ártica a uno de los valores más bajos de la serie, en la línea de los dos últimos inviernos. Esto podría cambiar si este invierno la banquisa en el mar de Bering consigue remontar y volver a valores más cercanos a la media. Veremos qué pasa finalmente. La siguiente gráfica basada en los datos de MASIE muestra la extensión de la banquisa en el mar de Bering entre 2006 y la actualidad, observándose el muy bajo máximo del pasado invierno 2017-2018, y también los elevados máximos de algunos años no muy lejanos como 2012 ó 2013:

Otro parámetro a vigilar es el grosor de la banquisa. A la espera de datos más exactos, en la siguiente gráfica podemos ver una comparativa del grosor de la banquisa ártica según las observaciones del satélite Cryosat-2 en octubre de 2017 (izquierda) y 2018 (derecha) (fuente: CPOM):

Se observa que la extensión total es más reducida este año, pero el hielo al norte del Archipiélago Canadiense parece más grueso que hace un año.

Al hielo del grosor del hielo, hace algunas semana se publicaba un interesante artículo por Ron Kwok: Arctic sea ice thickness, volume, and multiyear ice coverage: losses and coupled variability (1958–2018)

Ron Kwok facilita esta gráfica que muestra la evolución en el volumen total de la banquisa ártica según las observaciones de los satélites Icesat y Cryosat-2. En concreto, para octubre-noviembre (línea azul) incluye los datos de Icesat en 2003-2007 y de Cryosat-2 en 2010-2017:

Se observa la brusca caída en 2007. Entre 2010 y 2017 la tendencia es casi plana, ligeramente ascendente, pero siempre por debajo de los valores anteriores a 2007.

El mapa del CPOM para octubre 2018 que mostraba anteriormente, y su comparativa con 2017 nos sugiere para el presente otoño un volumen bastante similar al de los últimos años, por lo que la tendencia en el período 2010-2018 seguiría básicamente plana, aunque siempre con valores claramente inferiores a los habituales antes de 2007. Este menor grosor y volumen durante la última década propician una banquisa más vulnerable al deshielo estival.

Pero ahora lo que toca es seguir observando la expansión de la banquisa durante la temporada invernal.

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Paso del Noroeste en 2018 y años anteriores

El Paso del Noroeste es una posible ruta marina que bordearía Norteamérica por el norte, sorteando las islas del archipiélago canadiense. Se compone de varias vías alternativas; la de mayor calado, a través del estrecho de Parry, es también la más septentrional:

La fuente más precisa sobre el estado del hielo marino en el Paso del Noroeste es el Servicio Canadiense. A continuación podemos ver el mapa del Servicio Canadiense del 10 de septiembre de 2018, mostrando la extensión y concentración de la banquisa en el Archipiélago Canadiense y norte de Alaska:

Se puede observar que tanto la variante sur del paso (la ruta de Amundsen) como la variante norte (a través del Canal de Parry) se encuentran cerradas por el hielo. Es decir, no pueden ser atravesadas sin tener que cruzar zonas con banquisa a más del 60% de concentración.

(Este criterio del 60% será el que aplique siempre que me refiera a abierto o cerrado en esta entrada)

La última vez que ambas variantes habían permanecido cerradas durante toda la temporada de deshielo fue en el verano 2013. En la primavera y verano del presente año 2018 las condiciones meteorológicas en el Archipiélago Canadiense han sido más frescas que la media climática, lo que les ha permitido ser la única región del Ártico donde el hielo marino no ha estado por debajo de la media. En la siguiente gráfica procedente de los reanálisis NCEP/NCAR podemos observar las anomalías de temperatura del aire cerca de la superficie en la zona del Archipiélago Canadiense entre el 1 de mayo y el 15 de septiembre de 2018:

En la siguiente gráfica se muestra la extensión mínima anual de la banquisa en la variante sur (la ruta de Amundsen) del Paso del Noroeste entre 1968 y 2018 :

El área de hielo que ha sobrevivido al verano 2018 en la variante sur del Paso del Noroeste ha sido la mayor desde 2004, y se ha situado por encima de la media climática.

A continuación, la gráfica mostrando la extensión mínima de la banquisa entre 1968 y 2018 en la variante norte del Paso del Noroeste:

El verano 2018 presenta la mayor área de hielo en esta zona desde 2005. Se sitúa también por encima de la media climática.

Un verano tan fresco, y con ambas variantes del Paso del Noroeste cerradas, se había convertido en algo muy extraño en los últimos años. La variante sur se había abierto todos los veranos entre 2006 y 2017, con la única excepción de 2013, mientras que en décadas anteriores su apertura sólo se producía de vez en cuando, tal como nos sugiere la gráfica anterior.

En cuanto a la variante norte, entre 2007 y 2018 se ha abierto en cinco ocasiones: 2007, 2010, 2011, 2012 y 2015. Y ha permanecido cerrada en siete ocasiones: 2008, 2009, 2013, 2014, 2016, 2017 y 2018.

La apertura o no del Paso y sus variantes no sólo depende de la extensión del hielo, sino también de la disposición geográfica del mismo. (Por ejemplo, en 2008 la variante norte permaneció cerrada, mientras que en 2007 estuvo abierta, a pesar de que en 2008 la extensión total era algo inferior a la de 2007.)

A continuación, mapas del Servicio Canadiense reflejando la situación de la banquisa en el Paso del Noroeste entre 2018 y 2007 en torno al mínimo en esta zona:

¿Y antes de 2007? En la gráfica del Servicio Canadiense se observa que antes de 2007 los años con la extensión más baja en toda la serie de observaciones son 1998, 1999 y 2000. Revisando los mapas del Servicio Canadiense, en 1999 la variante norte del Paso del Noroeste también habría llegado a abrirse, mientras que en el 98 y 2000 estuvo cerrada.

A continuación, el mapa del Servicio Canadiense correspondiente al 13 de septiembre de 1999. Es en blanco y negro. Para mayor claridad, he marcado en negro las zonas con hielo a más del 60% de concentración (pinchar para ver el mapa a tamaño completo):

En los 40 años anteriores, entre 1999 y 1959,  la variante norte sólo se habría abierto en una única ocasión, en 1962, según informan Tivy et al. 2011 ( http://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1029/2009JC005855/full ). Mapa:

¿Y antes de 1968? Observando las temperaturas en el Ártico (ver por ejemplo Polyakov et al. 2003) y teniendo en cuenta su correlación con la extensión de la banquisa, en torno a los años 30 y 40 es posible que las condiciones del hielo marino en el Ártico fuesen parecidas a las de los años 90. Por tanto, es posible que algún año suelto en esas décadas llegara a abrirse o estuviera cerca de hacerlo, de forma similar a lo ocurrido en el trienio 1998-2000. En ese contexto podría situarse el viaje de Henry Larsen que logró atravesar la variante norte en 1944 a bordo del St Roch (ver http://www.ucalgary.ca/arcticexpedition/larsenexpeditions).

¿Y antes de alguna posible apertura en los años 30 y 40? Antes de esas décadas, las temperaturas en el Ártico eran notablemente más frías. En las exploraciones del siglo XIX se habrían encontrado con condiciones del hielo al menos similares a la media 1971-2000, lo que implica una variante norte cerrada (ver Accounts from 19th-century Canadian Arctic explorers’ logs reflect present climate conditions). Media 1971-2000 para el 3 de septiembre (“present climate conditions”):

En los siglos anteriores se sitúa la denominada Pequeña Edad de Hielo. Aunque la variabilidad interanual y regional de la banquisa en el Ártico es muy notable, por lo que no puede descartarse la apertura del Paso en algún año concreto de condiciones favorables, para encontrar una variante norte abierta probablemente tendríamos que remontarnos al Período Cálido Medieval, con su máximo en torno a los siglos X y XI (ver Antoniades et al. 2011 ó Kobashi et al. 2011).

¿Y antes? Quizá hasta el Óptimo Climático del Holoceno, hace entre unos 4000 y 7000 años, un período en el que, por razones orbitales, la insolación en verano en el Ártico era mucho mayor a la de hoy en día, y en la que la cubierta de hielo en verano debía ser muy reducida, seguramente más que en la actualidad (ver Polyak et al. 2010: History of sea ice in the Arctic)

 

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Mínimo 2018 de la banquisa ártica

Según los datos proporcionados por JAXA, la banquisa ártica alcanzó su extensión mínima del verano 2018 el pasado 21 de septiembre, con 4.457.252 km2. Esto supone el sexto mínimo más bajo de la serie de observaciones por satélite 1979-2017, superando sólo a 2016, 2015, 2012, 2011 y 2007.  Es un mínimo normal en el contexto de la última década, y algo más de un millón de km2 por encima del récord mínimo de 2012, pero está muy por debajo de lo habitual hace 20 ó 30 años, cuando los mínimos rondaban los 7 millones de km2.

Podemos observar la evolución de la extensión de la banquisa ártica según los datos de JAXA durante el verano 2018 (línea roja, actualizada hasta el 29 de septiembre) comparada con algunos de los últimos años y con las medias de las décadas anteriores:

Según los datos proporcionados por el NSIDC, la extensión mínima de la banquisa ártica en la temporada 2018 se habría producido los días 19 y 23 de septiembre con 4.590.000 km2, situándose también en este caso como el sexto más bajo de la serie de observaciones por satélite. Al mismo tiempo, el mínimo de 2018 se sitúa en torno a 1.500.000 km2 por debajo de la media 1981-2010. En el siguiente mapa proporcionado por el NSIDC podemos observar la extensión de la banquisa ártica el día 23 de septiembre de 2017 (en blanco) comparada con la media 1981-2010 para la misma fecha (línea naranja):

Se observa la extensión de la banquisa claramente por debajo de la media en todas las regiones, destacando especialmente el sector pacífico, con el hielo en los mares de Chukchi y Siberia Oriental retirado mucho más al norte de lo que era habitual hace algunos años. La única excepción positiva la encontramos en el Archipiélago Canadiense, donde este verano el Paso del Noroeste ha permanecido cerrado, tras un verano fresco en esta zona que ha permitido sobrevivir a una buena cantidad de hielo.

Destaca también lo tardío de la fecha del mínimo de este año, que se ha producido entre los días 19 y 23, en torno a una semana más tarde de lo habitual. Durante septiembre las condiciones meteorológicas y de circulación atmosférica han sido desfavorables para la banquisa ártica: una dorsal anticiclónica sobre el estrecho de Bering y Alaska ha arrastrado aire cálido hacia el Océano Ártico, especialmente hacia el sector pacífico, mares de Chukchi y Siberia Oriental. Además, ha favorecido la deriva del hielo hacia el norte en estas zonas, compactándo la banquisa y a la vez reduciendo la extensión de la misma. Uno de estos pulsos de deriva hacia el norte marcó el tardío mínimo de este año.

Durante los últimos días, ya tras el mínimo, las condiciones de circulación atmosférica en el Ártico han continuado de manera bastante similar, propiciando que, de momento, la recongelación también esté siendo más lenta de lo habitual.

Presión media a nivel del mar entre el 1 y el 28 de septiembre de 2018, según los reanálisis NCEP/NCAR:

Anomalías de temperatura del aire cerca de la superficie para el mismo período:

Podemos ya también indicar que la extensión media mensual de septiembre 2018 según los datos del NSIDC va a quedarse en 4.710.000 km2, lo que supone el séptimo valor más bajo de la serie de observaciones 1979-2018, superando sólo a 2016, 2015, 2012, 2011, 2008 y 2007. Podemos ponerlo aún en un contexto más amplio aprovechando la serie que publicamos hace un par de años. En la siguiente gráfica, extensión de la banquisa ártica en septiembre entre 1935 y 2018:

September Arctic sea ice 1935 2018 Cea-Piron Cano-Pasalodos NSIDC https://doi.org/10.5281/zenodo.44756

 

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